Burnout |
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El Sindrome de estar quemado o Burnout es una patología severa, relativamente reciente, que está relacionada con el ámbito laboral y el estilo de vida que se lleva. Es un trastorno emocional provocado por la sobrecarga en el trabajo y cuando el fenómeno se somatiza puede conllevar graves consecuencias físicas, psicológicas y conductuales. Puede provocar ansiedad o depresión y dan origen a numerosas bajas laborales, es decir, la ansiedad laboral puede llegar a desembocar en Burnout. A veces se puede experimentar astenia y agitación al mismo tiempo (tics nerviosos, temblor de manos); palpitaciones; taquicardia y pinchazos en el pecho; aumento de la tensión arterial; dolores musculares, sobre todo en la zona lumbar; cefaleas; problemas digestivos; trastornos del sueño e inapetencia sexual. Estos síntomas terminan invadiendo la vida social y familiar del afectado, que opta por aislarse y quedarse solo. Una de las principales características del síndrome es que se produce en profesiones que han elegido libremente, es decir, son más vocacionales que obligatorias. Este síndrome comenzó a producirse en profesionales que trabajaban como voluntarios en el ámbito de la salud, ya que, la atención que demandan los afectadas excede, en muchos casos, de los recursos de los que disponen sus cuidadores. El problema surge cuando los horarios no les permiten solucionar todo lo que quieren o que habían idealizado la profesión y la realidad no se parece en nada a lo que había imaginado que era. Los bajos sueldos, los escasos incentivos profesionales o la pérdida de prestigio social son también factores que propician la aparición del Burnout. Las profesiones relacionadas con el mundo sanitario, de la educación o la administración pública suelen ser las que más incidencia reflejen en las estadísticas porque están en contacto con personas con problemas y suelen ser ellos los que deben solucionar esos problemas. La frustración se produce cuando ven que su trabajo no es productivo y sienten que su trabajo es baldío. Una sentencia del Tribunal Supremo en el año 2000 reconoció este síndrome como una dolencia psíquica causante de periodos de incapacidad temporal y como accidente laboral. La persona que puede sufrirlo es aquel que llega a dedicarle casi todo su tiempo, incluso puede llegar a dejar de trabajar para atenderlo, generalmente en solitario. Las personas que lo padecen muestran sensación de falta de control sobre el resultado final de la labor y puede agotar las reservas psicofísicas del cuidador. Consejos para disminuir el Burnout: - El primer paso, consiste en, reconocer que necesitan ayuda y que ello no le distraerá de su labor. Disimular lo que le está ocurriendo a sí mismo no mejorará su situación personal. - Debe aceptar y comprender que estas reacciones de agotamiento son frecuentes y previsibles. Son reacciones normales ante una situación límite, pero que necesitan apoyo. - No debe olvidarse de él mismo, poniéndose siempre en segundo lugar, ya que el autosacrificio total no tiene sentido. - Pedir ayuda personal al detectar estos signos, no ocultarlos por miedo a asumir “que se está al límite de sus fuerzas”, ni tampoco culpabilizarse de no ser un super-cuidador. - No dudar a acudir a un profesional (psicólogo o psiquiatra) y a grupos de autoayuda (GAMA), ya que pueden resultar muy eficaces. - Aprender técnicas de relajación psicofísica (Jacobson, Schultz, visualización distractiva, yoga, etc). - Marcarse objetivos reales, a corto plazo y factibles en las tareas. No mantener expectativas irreales. - Ser capaz de delegar tareas en otros familiares o personal contratado. No creerse imprescindible. - Mantenerse automotivado a largo plazo, autorreforzarse los éxitos, felicitándose a sí mismo por todo lo bueno que va haciendo. - No fijarse sólo en las deficiencias y fallos que se tengan. - Cuidar, especialmente, los propios descansos y la propia alimentación: parar diez minutos cada dos horas, dormir las horas suficientes y mantener una dieta adecuada. - Tomarse también cada día una hora para realizar los asuntos propios. Asimismo, permitirse, si es posible, un descanso diario o semanal, fuera del contacto directo con el enfermo. - Si se puede, realizar ejercicio físico todos los días, ya que elimina toxinas corporales y despeja la mente. - Evitar el aislamiento: obligarse a mantener el contacto con amigos y otros familiares. Salir de la casa con otras personas, no quedarse enclaustrado. Los vínculos afectivos cálidos amortiguan el estrés. Saber poner límites a las demandas excesivas del trabajo; hay que saber decir NO, sin sentirse culpable por ello. - Expresar abiertamente a otros las frustraciones, temores o propios resentimientos, es un escape emocional siempre beneficioso. - Planificar las actividades de la semana o del día. Establecer prioridades de tareas, diferenciando lo urgente de lo importante. Decidir qué cosas no va a poder realizarlas con bastante probabilidad. La falta de tiempo es una de las primeras causas de agobio. |
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Publicado en apoyo psicológico por: Gemma Asarbai el 10-10-2013
archivado en Síndromes
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