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Vuelta al cole: cuando las vacaciones se acaban y las emociones se aceleran


 
 
 


Cada año, a finales de agosto o principios de septiembre, muchas familias viven una mezcla de emociones difíciles de describir. Por un lado, la nostalgia de los días sin horarios, de los viajes, del tiempo compartido. Por otro, la incertidumbre (o el alivio) que trae la vuelta a la rutina escolar. Y en medio de todo eso, niños, niñas y adolescentes que también sienten, aunque a veces no lo digan.

La vuelta al cole no es solo una fecha en el calendario. Es una transición emocional que merece ser cuidada.
Lo que suele pasar por dentro

Es normal que aparezcan:

Ansiedad ante lo desconocido: nuevo curso, nuevos profesores, nuevas exigencias.

Tristeza por lo que se deja atrás: amigos de verano, libertad, tiempo libre.

Irritabilidad o cansancio: el cuerpo y la mente se están readaptando.

Ilusión mezclada con miedo: querer volver a ver a los compañeros, pero temer no encajar.

En los adultos también ocurre. La vuelta a los horarios, a las extraescolares, a las reuniones del colegio... puede generar estrés. Y los niños lo perciben.
Claves para una vuelta más amable

1. Valida lo que sienten.
No hace falta decir "no pasa nada" o "eso es una tontería". Mejor: "Entiendo que te dé pena que se acaben las vacaciones" o "es normal estar nervioso el primer día". Poner nombre a la emoción ya calma.

2. Anticipa sin agobiar.
Hablar de la vuelta con naturalidad, sin dramatizar. Repasar juntos el horario, preparar el material, visitar el colegio si es posible. La anticipación reduce la incertidumbre.

3. Recupera la rutina de forma gradual.
No hace falta que el último día de vacaciones sea como el primero de clase. Pero adelantar un poco los horarios de sueño y comidas unos días antes ayuda muchísimo.

4. Reserva espacios de calma.
La primera semana suele ser intensa. Deja tiempo para descansar, para no hacer nada, para hablar de cómo ha ido el día sin interrogar.

5. Cuida el ejemplo.
Si los adultos viven la vuelta como una tragedia, los niños también. Si la viven como un reto manejable, con sus nervios y todo, ellos aprenden a hacer lo mismo.
Y si la cosa se complica

A veces la ansiedad no desaparece en unos días, aparecen dolores de barriga recurrentes, llanto, negación a ir al colegio o cambios importantes en el sueño y el apetito. Ahí no hay que forzar ni minimizar: pedir ayuda psicológica a tiempo es un acto de cuidado, no de debilidad.

La vuelta al cole no tiene que ser perfecta. Solo tiene que ser acompañada.

 
 
Publicado en apoyo psicológico por: Gemma Asarbai el 13-09-2026 archivado en Relatos

 
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Créditos: Ansiedad: GRPH3B18, Depresión: Baker131313, Estrés: MismibaTinasheMadando, Duelo: Elekes Andor

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